Agosto 15 (domingo) Asunción de la Virgen María: Lucas 1,39-56. Palabras de Isabel: bendición a María y a su Hijo (1,42b).

 

Por P. Francisco Pérez Colunga, CSsR

 

Agosto 15 (domingo) Asunción de la Virgen María: Lucas 1,39-56.
Palabras de Isabel: bendición a María y a su Hijo (1,42b).
 
‘Isabel gritó con fuerte voz’ (1,42a). Es la introducción narrativa al saludo de Isabel. El verbo es ‘anafonéo’: lanzar gritos, proclamar, declamar. No es el ‘decir’ normal (lego). ‘Anafonéo’ es hápax de toda la Escritura, AT y NT. Aparece sólo aquí. Uno de los muchos ejemplos del vocabulario exclusivo de Lucas. El verbo ordinario es ‘fonéo’: hablar fuerte, hablar, elevar la voz; ordenar, prescribir; hablar de; llamar a uno; resonar. De este verbo viene ‘a-fónico’. Es notable la diferencia entre los dos verbos (anafonéo y fonéo). Cuando se emplea ‘fonéo’, o el sustantivo ‘foné’ (voz, sonido, uso de la palabra, grito, lenguaje, palabra, expresión, máxima) es usado también el calificativo ‘mégas’ (grande, fuerte, grave, importante). La frase común es ‘foné megále’ (fuerte voz), tan común que la encontramos 45 veces en el NT, aunque en los evangelios sólo 13: Mt 27,46.50; Mc 1,26; 5,7; 15,34.37; Lc 4,33; 8,28; 17,15; 19,37; 23,23.46; Jn 11,43. Verbos con que suele juntarse la frase ‘foné mégale’: ‘anaboáo’ (gritar, hablar fuerte, Mt 27,46), ‘kráxo’ (Mt 27,50), ‘fonéo’ (Mc 1,26), ‘boáo’ (Mc 15,34), ‘afíemi’ (Mc 15,37), ‘anakráxo’ (Lc 4,33), ‘légo’ (Lc 8,28), ‘doxázo’ (Lc 17,15), ‘ainéo’ (Lc 19,37), ‘epikéimai’ (Lc 23,23).
 
Son varios los verbos normales y sinónimos, para aludir a una exclamación hecha con ‘fuerte voz’. ¿Por qué utilizar uno tan raro (anafonéo) para citar el saludo de Isabel a María, verbo tan especial que se encuentra una sola vez en la Biblia? Así de especial era lo que Isabel se preparaba a decir a María, en su forma y su contenido. Isabel dice a María: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre’ (1,42b). El verbo ‘eulogéo’ (hablar bien de, alabar, celebrar) en voz pasiva (eulogeméne) equivale a un adjetivo (bendita). Pero lo propio de este verbo en voz pasiva es hacer referencia al sujeto de la bendición: Dios. Él ha bendecido a María, alabándola, alegrándose por ella y con ella. El ‘fruto’ (karpós) de su vientre es citado en segundo lugar; sin embargo, es la causa de la bendición. Por él (el bendito, ‘eulogeménos’) ella ha obtenido particular condescendencia de Dios. Isabel se expresa con mucha precisión. Pronunciando el mismo verbo (eulogéo) en voz pasiva dos veces seguidas, alude con él al único Dios generador de vida y de bendición, expresando alabanza simultánea al que la ha bendecido, convirtiéndola en madre del ‘bendito’ (Mt 21,9b; Mc 11,10; Lc 19,38; Jn 12,13).
 
La primera parte del saludo de Isabel (bendita tú entre las mujeres) tiene tres contactos: Lucas 11,27; Jueces 5,24; Deuteronomio 28,4. El primero (Lucas 11,27) es interno, porque está dentro del mismo evangelio; los otros dos son externos, pues pertenecen al AT. Comencemos por el tercero (Dt 28,4), copiando su contexto inmediato: ‘Si obedeces y escuchas la voz del Señor, tu Dios, poniendo por obra todos los preceptos que yo te mando hoy, el Señor, tu Dios, te encumbrará por encima de todas las naciones del mundo. Sobre ti irán viniendo, hasta darte alcance, todas las bendiciones, si escuchas la voz del Señor, tu Dios: Bendito seas en la ciudad, bendito seas en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu ganado, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas. Benditos tu canasto y tu artesa. Bendito seas al entrar, bendito seas al salir. El Señor te entregue ya vencidos los enemigos que se alcen contra ti. Saldrán contra ti por un camino y por siete caminos huirán. El Señor mande contigo la bendición en tus graneros y en tus empresas. Te bendiga en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios (Dt 28,1-8).
 
El texto es parte de una sección titulada ‘bendiciones y maldiciones’. En 27,11-26 hay una lista de maldiciones; en 28,1-14, una lista de bendiciones, éstas siempre con la condición previa: ‘Si escuchas la voz del Señor, tu Dios’ (28,2c). Las maldiciones también tienen su advertencia: ‘Si no escuchas la voz del Señor, tu Dios’ (28,15). Nos interesa la expresión: ‘Bendito el fruto de tu vientre’ (28,4a): eulogeména ta ékgona tes koilías sou / barúq perí-btnqá. En la expresión griega, la única correspondencia está en las últimas tres palabras (de tu vientre / tes koilías sou). Aunque es el mismo verbo (eulogéo), la forma gramatical es diferente, igual que el complemento (ékgonos: hijo o hija, nacido de, descendiente; retoño, brote, descendencia). La idea general sí establece contacto, pues la bendición abarca todo: ‘Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu ganado, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas’. La vida se ha de multiplicar, comenzando por la descendencia humana, seguida por la de todos los animales y la tierra. Las palabras de Isabel a María (bendito el fruto de tu vientre) tienen un sentido restringido, pues se refieren a Jesús, el bendito por excelencia. El sentido es determinado y preciso, aplicado a una persona especial.
 
Hay otra referencia al AT, Jueces 5,24: ‘¡Bendita entre las mujeres, Yael, mujer de Jéber, el quenita; bendita entre las que habitan en tiendas!’ Es el canto de victoria, entonado por Débora y Barac (Jueces 5,1-31). Ha muerto Sísara, general del rey cananeo, Yabín (5,24), que oprimía a Israel. ¿Qué ha hecho Yael? Habiendo planeado bien la estrategia, le hundió en la sien un clavo, con un martillo, atravesándolo hasta la tierra. Pudo hacerlo porque Sísara estaba durmiendo, rendido de cansancio a causa de la persecución en la guerra. El pueblo celebra con este canto el triunfo de Israel, salvado por una mujer, Yael. Expresión literal: eulogezéie en ginaixin / tbrq minsim. El verbo griego (eulogéo) es un pasivo optativo, con valor temporal de futuro: sea bendita (ella). No es expresión directa, dirigida a Yael. Es deseo expresado en tercera persona. La felicitación a María, en cambio, se dirige a ella directamente: Bendita tú entre las mujeres (1,42b). Además, Isabel manifiesta una realidad, porque María ya goza de la bendición. A diferencia de ella, a Yael se le desea la bendición. La diferencia mayor está en la causa de la bendición. A Yael se le desea bendición por haber asesinado a alguien; de María, se proclama su bendición porque lleva en su vientre al Dios bendito.
 
Una referencia más, Judit 13,18: ‘Ozías dijo a Judit: El Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador de cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo’. La ciudad celebra la victoria (13,11-20). Judit corta la cabeza a Holofernes; la muestra y dice: ‘Ésta es la cabeza de Holofernes, general del ejército asirio… ¡El Señor lo hirió por mano de una mujer! Él me protegió en mi camino. Les juro que mi rostro sedujo a Holofernes para su ruina, pero no me hizo pecar. Mi honor está sin mancha’ (13,15-16). El pueblo, unánime, dice, postrándose en adoración a Dios: ‘Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo. Ozías dijo a Judit: ‘Seas bendita, hija, ante Dios Altísimo, entre todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador de cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo’ (13,17-18). El contexto es muy semejante al de Jueces 5,24: aplicando estrategias diferentes, una mujer asesina al enemigo de Israel. Lo especial de Judit es que ella se viste y prepara para seducir Holofernes, que cae en la trampa.
¿Relación de este pasaje con Lucas 1,42b? Ozías desea a Judit una bendición de parte de Dios. La palabra es un adjetivo calificativo (eulogeté): Seas bendita, hija, ante Dios Altísimo, entre todas las mujeres de la tierra. Isabel no expresa un deseo sino proclama una realidad: María ya es bendita (eulogeméne). Judit y Yael han asesinado para salvar a su pueblo; María, por el contrario, da vida al mismo creador de la vida, para salvación del mundo entero. La acción de Judit y Yael es local; la de María es universal, con efecto perpetuo y eterno.
 
¿Qué se concluye? Hay mujeres heroínas en la historia de Israel, que son antecesoras de María, bajo algún aspecto, pues gracias a ellas el pueblo seguía con vida cuando casi era eliminado. La relación y comparación con ellas se impone y es necesaria, para conocer mejor la misión de María en el plan de Dios, misión completamente nueva y original.
 

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