Agosto 22, domingo XXI ordinario: Jn 6,55.60-69 (Espíritu y vida).

Por P. Francisco Pérez Colunga, CSsR

Todo discurso o signo de Jesús termina forzando nuestra decisión de seguirlo o dejarlo, aunque ésta sea implícita en la mayoría de los casos. En el presente, se trata de un planteamiento explícito: ‘¿También ustedes se quieren marchar?’ Jesús hace la pregunta porque muchos no están de acuerdo con lo que ha dicho acerca de sí mismo como el pan bajado del cielo. Hicieron su objeción y la mantuvieron hasta el final. En esta ocasión, Jesús ha obtenido un resultado mediocre; ¿por qué? Se le retiraron algunos de los que ya eran discípulos suyos. A esto se debe la pregunta a los doce: ‘¿También ustedes se quieren ir?’ La respuesta de Pedro es símbolo de la correcta reacción de las personas al oír la palabra de Dios: ‘¿A dónde iremos?’ Fuera de Jesús no hay a dónde ir, para escuchar la palabra que contiene la verdadera vida. Ésta es la confesión de fe que Jesús quiere oír de todos. Su palabra es la misma que creó todas las cosas cuando todo era caos y oscuridad (Génesis 1,1-2). Con el tiempo, aquella palabra se hizo carne y es la que, ahora, pronuncia las palabras que nos dan el nacimiento nunca eliminado por la muerte.

 

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