El anuncio del Reino, contenido central de la predicación de Jesús.

Por P. Francisco Pérez Colunga, CSsR.

Hablando del evangelio según San Mateo, tenemos un sumario de la actividad de Jesús en 9,35, muy semejante al de 4,23. En 9,35, el sumario desempeña tres funciones principalmente. Primera: es resumen de la actividad de Jesús, por lo menos desde 8,1. Lo que ha hecho es lo enunciado por el sumario: enseñar, proclamar, curar. Segunda: anuncia la elección y misión de los doce, tema que abarca todo el capítulo décimo. Tercera: insiste en la permanente actividad misionera de Jesús. De él se dice: ‘Recorría los pueblos… enseñando…, proclamando… curando’ (9,35) y lo mismo manda a sus discípulos (10,1). La actividad designada con el verbo ‘kerísso’ tiene su origen en el mundo trascendente, en Dios. Él proclama y manda que se proclame. Sus pregoneros o voceros más famosos son los profetas, antecesores de Jesús. La tradición profética llega a su plena madurez con él en todos los aspectos, principalmente en cuanto ‘portavoz’ del cielo. A partir de su predicación histórica, consignada en los evangelios, hasta el final de los tiempos, serán necesarios muchos ‘predicadores’, ‘pregoneros’ del perdón ofrecido por Dios a la humanidad. ¿También hará falta un nuevo contenido? El contenido nunca podrá cambiar: es el reino de Dios.

El verbo ‘kerísso’ aparece por primera vez en Génesis 41,43: ‘Lo hizo sentarse en la carroza de sus lugartenientes y el heraldo ‘gritó’ delante de él. Así lo puso al frente de Egipto’. ¿Qué gritó el heraldo (kérix)? Que José, después del faraón, era el más importante en Egipto. El verbo ‘kerísso’ significa ‘gritar’ un anuncio a todo el país. El faraón comunica algo que debe saber la nación entera: ‘Nadie moverá mano o pie en Egipto sin contar contigo’ (Génesis 41,44), dice el Faraón a José y esto es lo anunciado por el heraldo. Es un anuncio político. Uno de los verbos españoles que traducen el griego ‘kerísso’ es ‘vocear’: dar voces o gritos, publicar, llamar en voz alta, aclamar con voces; manifestar o indicar algo con claridad. Así comenzó la predicación de Juan bautista (Mt 3,1): ‘En aquellos días apareció Juan bautista proclamando en el desierto de Judea, diciendo: Conviértanse, ya ha llegado el reino de los cielos’. Además del significado profético del verbo, se confirma la condición profética de Juan (Mt 11,9-10). Jesús lo llama profeta. ¿Contenido de la proclamación de Juan bautista? Igual que en los profetas clásicos, la conversión a Dios. ‘Proclamar’ es, entonces, uno de los verbos preferidos para designar el ministerio de la palabra. ‘Vocear, gritar, anunciar’ son otras traducciones posibles del verbo griego ‘kerísso’, dependiendo del contexto. El verbo, si nos damos cuenta, no nos señala el contenido. Éste, sin embargo, es designado con la misma raíz del verbo (kérigma). La palabra ‘kérigma’ se ha convertido en sinónimo de ‘evangelio’, lo cual es muy correcto, pues con ella nos referimos tanto al anuncio externo como al contenido de la misma y única palabra de Dios, explicada por Jesús.  

Son pasivos los tres verbos que describen la triste realidad en que se encuentran las multitudes (Mt 9,35). ‘Fue movido a compasión por ellos’, sería una forma de traducir, tomando el sentido pasivo del verbo. La miseria de las multitudes es el sujeto activo que suscita en Jesús el sentimiento de lástima. Los otros dos verbos pasivos hacen explícita la causa de tal sentimiento. El significado de uno es ‘fatigadas’; el del otro ‘abandonadas’. ¿Causas de la aflicción y del abandono? Una sola: no hay pastores. Pero, ¿por qué dos palabras distintas para aludir a lo mismo? El evangelista emplea la palabra ‘pastor’ y Jesús la palabra ‘mies’. La frase ‘como ovejas sin pastor’ es propia del AT: Números 27,17; Judit 11,19; 2 Crónicas 18,16; Ezequiel 34,5; 1 Reyes 22,17. La desorientación del pueblo, su abandono total, es descrito con la comparación de las ovejas sin pastor. En el NT la palabra ‘mies’, considerando los contextos en que aparece, señala ‘madurez’, ‘emergencia’ de algo que espera ser cosechado (Juan, 4,35; Apocalipsis 14,15). La frase ‘como ovejas sin pastor’ y la palabra ‘mies’ se refieren al sujeto colectivo plural ‘las multitudes’, un indefinido con que se alude a todas las naciones de la tierra. Son ellas las descritas como ovejas sin pastor. Es señalada su lamentable situación. La palabra ‘mies’ alude al remedio urgente. La mies, que es la humanidad, está preparada para el juicio y éste no puede esperar. 

El anuncio del reino, contenido central de la misión (Mt 10,7) es salvación para unos y condenación para otros, los que se nieguen a creer, porque no otra forma de alcanzar la salvación.

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