EL VALOR DE LA PLENITUD

Elaborado:

Comisión para la Misión Permanente

1. Oración
 
Dios todopoderoso y eterno, que elevaste a la gloria celestial en cuerpo y alma a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos tender siempre hacia los bienes eternos, para que merezcamos participar de su misma gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 
2. Dinámica:
 
¿Qué?: Examinar la alimentación, la oración, el ejercicio de la familia.
¿Cómo?: Expresando cada uno sus acciones en estos tres aspectos.
¿Para qué?: Para mostrar cómo estas acciones cotidianas nos pueden llevar a una vida plena.
 
3. Método:
 
Lo que vemos:
 
Aspectos negativos:
– La sociedad cansada que le cuesta tener esperanza en una vida mejor.
– Las familias, contagiadas por el desaliento, han perdido la ilusión por optimizar sus recursos.
– El Individuo, maltratado por las circunstancias adversas, no ve posible un mundo diferente.
 
Aspectos positivos:
+ La sociedad heroica que con su esfuerzo espera una nueva humanidad.
+ Las familias, firmes en la oración, alentadas con ejemplo de María, siguen adelante en la conquista de una nueva tierra.
+ El individuo, de fe inquebrantable, que pone en juego todos los dones para subir los niveles del bienestar.
 
Lo que pensamos:
 
Del santo Evangelio según san Lucas: 1, 39-56
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor».
Entonces dijo María: «Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Comentario del P. Francisco Perez Colunga:
 
Isabel felicita a María por el lugar que Dios le ha dado en la historia de la salvación. La ha llamado para ser madre de su Hijo y ella ha aceptado esta misión. La base de su rápida y completa entrega al Señor es su fe en él. Isabel la llama ‘bienaventurada’ por haber creído que Dios cumple siempre lo que promete.
Parte y consecuencia de esa promesa es la glorificación de María, que en este misterio contemplamos. Su asunción al cielo es un dogma de fe, definido solemnemente por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 con la constitución apostólica “Munificentissimus Deus”.
No fue acto improvisado o arbitrario del magisterio sino resultado de un intenso período de estudios teológicos. María asunta es imagen de la Iglesia futura. Su asunción es una de ‘las grandes cosas’ con que Dios da señales de amor a su Iglesia. Todos los aspectos de la persona de María, sus virtudes y privilegios, tienen repercusión eclesial. Ella es en todos los sentidos la figura y modelo de lo que la Iglesia tiene que ser. Su asunción personal anticipa el estado de la Iglesia entera en el mundo venidero.
El Concilio Vaticano II (LG 68) ha querido realzar este aspecto eclesial del dogma de la asunción con estas palabras: “La madre de Jesús, lo mismo que ya está en el cielo glorificada en cuerpo y alma, como imagen y comienzo de la Iglesia que tendrá su cumplimiento en la edad futura, así también brilla ahora en la tierra delante del pueblo de Dios peregrino como signo de segura esperanza y de consolación, hasta que llegue el día del Señor”.
La Iglesia contempla en la Virgen, como en una imagen purísima, todo lo que ella desea y espera ser. La glorificación de María asume un valor de signo escatológico para todo el pueblo de Dios que camina hacia el Señor. Es un estímulo y punto de referencia que compromete al pueblo en la realización de su propio camino histórico hacia la perfección escatológica. En la misión de María, sus privilegios y asunción el cristiano contempla el modelo de su vocación personal.
 
Aplicación
 
Todo lo que María hizo animada por su fe en Dios termina en su glorificación personal, en su asunción, que no puede verse como experiencia aislada. Ella ha beneficiado a toda la humanidad. Su asunción es acontecimiento paradigmático de salvación, ya que representa la redención que llegó a su cumplimiento en una criatura humana representante de todo el linaje que necesitaba la redención.
María es actualmente lo que nosotros tenemos que llegar a ser. Inspiración en nuestro ejercicio del valor de la plenitud humana y espiritual. En ella vemos la anticipación del final feliz de nuestra historia personal y colectiva. Es el icono escatológico de la Iglesia que formamos. María, una de nosotros, abrió el cielo para entrar en él. Con eso Dios nos da una prueba de que es verdad la palabra de su Hijo. En nuestro fatigoso caminar hacia la meta tenemos necesidad de ver que alguien la ha alcanzado ya. María es nuestra hermana que nos ha precedido. En su destino leemos también el nuestro. Es deseo nuestro que todos vivamos animados por ella; que lleguemos a la gloria donde ella nos espera y que participemos de su dicha en el cielo.
Del Rosario Animar elaborado por el P. Francisco Pérez Colunga para esta etapa de la Misión con motivo de la Novena a nuestra Madre del Perpetuo Socorro.
Lo que vamos a hacer. Sugerencia concreta, sencilla y comunitaria:
Vamos a ejercitar esta semana el valor de la plenitud,
reflexionando, en familia, cómo el compartir la oración, las comidas, el ejercicio, son signos que anticipan la vida a la que aspiramos con el ejemplo de nuestra Madre, María.
 
4. Evaluación y Planeación (Sugerencias para el diálogo):
 
¿Nos resulta fácil seguir la estructura y el método en la reunión? ¿Nos ayuda para esta etapa de animación misionera en los grupos y en la familia? ¿El valor de hoy da sentido e ilumina nuestro caminar hacia la vida plena que anhelamos?
 
5. Celebración:
 
En el momento de la comunión, recordar que es un anticipo aquí en la tierra de la vida plena en el cielo y decidirnos a comulgar siempre; cuando no se pueda, hacer la comunión espiritual.
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.
(San Alfonso María de Liguori)
 
6. Oración.
 
Gracias, Padre, porque elevaste a la virgen María a la gloria celestial, y porque nos impulsas a tender siempre hacia los bienes eternos para participar de su misma gloria. Queremos gozar ya desde esta tierra de la plenitud que nos tienes reservada, siguiendo el ejemplo de nuestra Madre al realizar las acciones de cada día. Tenemos plena confianza que al hacerlo, alentamos a los que viven sin esperanza, los pobres, los migrantes y los indígenas.
“Reina del cielo, María, tu intercesión es todopoderosa ante Dios, en ti confío”. San Alfonso.
 
Oración por la Misión Animar.
 
A ti, Padre celestial que eres nuestro creador,
Jesucristo, Hijo de Dios, redentor nuestro
y Espíritu Santo, impulso en nuestro caminar.
Te encomendamos esta etapa de la misión: Animar,
para que nos llenes de sabiduría, paciencia, sencillez y cercanía,
que nos permita trabajar como grupos de reflexión cristiana.
Que con la ayuda de nuestra Madre del Perpetuo Socorro,
el ejemplo de fortaleza y perseverancia de San Alfonso
y de todos los hombres y mujeres de valor en la Congregación,
podamos hacer nuestra la Buena Noticia de Jesucristo
para compartirla, bajo la coordinación de los redentoristas,
con nuestros hermanos y hermanas más necesitados,
sobre todo, los indígenas y los migrantes. Así sea.
 

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