ENERO 2, EPIFANÍA DEL SEÑOR: Mateo 2,1-12.

El título de Jesús como ‘el rey de los judíos’ es inclusión mayor del evangelio de Mateo. Jesús nace invocado como ‘el rey de los judíos’ (2,2) y muere afirmando su realeza sobre ellos (27,11.29.37.42). Jerusalén, sede del conocimiento acerca del Cristo, ‘el rey de los judíos’, no se conmueve ante su nacimiento. La turbación que éste provoca no es aspecto positivo sino negativo. Jerusalén se siente satisfecha con el rey Herodes y no ve la necesidad de otro. Los mismos sacerdotes y escribas se conforman con poseer la información, (el saber), sin pasar a la acción, como hacen los magos. Por un lado, éstos demuestran su opción por el rey de los judíos; por otro, Jerusalén opta por Herodes. Son dos reyes opuestos. Herodes representa al típico rey del mundo, cuyo estilo de gobierno es la tiranía y la opresión (Mt 20,25).
‘El rey de los judíos’ reina por medio de su palabra y es objeto de confesión por parte del hombre. Es el único rey cuyo reino subsiste por siempre. Desde la aparición de este rey, existe en el mundo el conflicto entre él y los reyes que pretenden eliminarlo y este conflicto durará tanto como la humanidad sobre la tierra. Cada uno elige a su rey y la elección es obligatoria, porque, de acuerdo con la Escritura, no hay más alternativas. Si preferimos el estilo de Herodes, hemos optado por la injusticia y la muerte, porque este reino no ofrece más que eso. Si nos decidimos por ‘el rey de los judíos’, procedemos sabiamente, como han hecho los magos. Haciendo esto, nos asociamos al rey que comparte con nosotros su gloria y su eternidad.
 
Martes.
 
Unidos a María aclamemos al Rey del cielo y de la tierra, nacido de ella y engendrado por el Espíritu Santo.
Santa María del Perpetuo Socorro, que diste a luz al mismo Señor de la vida en condiciones contrarias a su identidad como Rey de todo lo creado; enséñanos a ver lo extraordinario en los acontecimientos ordinarios.
Santa María del Perpetuo Socorro, Virgen humilde que no vivías, como nosotros, procurando el reconocimiento de la gente, sino con el deseo de agradar a Dios; que tengamos nosotros el mismo objetivo.
Santa María del Perpetuo Socorro, cuya vida estuvo marcada por el sacrificio desde el nacimiento hasta la muerte; haz que sintamos el gozo de proclamar el evangelio, precisamente donde es más rechazado.
Señor, que te has dignado venir a nosotros para hacernos partícipes de la vida del cielo; encamina hacia allá nuestros pasos, para no perder lo que nos has regalado sin merecerlo.
P.N.S.J.
 
Jueves.
 
Señor del cielo y de la tierra, hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación; te has quedado para siempre en el sacramento de la eucaristía, para ser nuestro alimento mientras llegamos a participar plenamente de tu vida en el cielo. Hoy te contemplamos recién nacido, en el pesebre, asumiendo nuestra humanidad con todo lo bueno y malo que tiene. Tu venida al mundo se debe más a lo malo que a lo bueno; ¿por qué? Si todo caminara perfecto, como al comienzo de la creación, no hubiera hecho falta tu sacrificio; porque la vida entera fue para ti sacrificio, especialmente el final. Apenas nacido, ya te querían eliminar.
Los reyes de la tierra, representados por Herodes, presentían que su forma de reinar llegaba a su término, como sucedió en realidad. Esa clase de reyes, desafortunadamente, no ha desaparecido; más bien parece que se han multiplicado, al sentir la provocación. Para ti y para tus amigos la verdad es lo contrario. Ellos están al servicio del mal que has venido a combatir y que tiene su raíz en el pecado, antecedente seguro de la muerte. Tu nueva familia, en cambio, ha comprendido tu manera de reinar y trabaja por extenderla hasta llenar el mundo entero.
Nosotros nos sentimos parte de esta nueva familia tuya y no quisiéramos defraudarte. A veces, influidos por la corriente, experimentamos la tentación de pasarnos a la familia opuesta, o nos pasamos sin decirlo, por el modo de conducirnos en la vida. A pesar de frecuentes fracasos, todavía no perdemos la dirección correcta de la brújula espiritual. Esto sería trágico de veras. Fortalece tú nuestro entendimiento y nuestra voluntad, para no apartarnos del camino que nos lleva a ti, pues la oposición a tu reino –como tú lo has dicho- siempre existirá, mientras viva el hombre sobre la tierra. Nos anima, eso sí, saber que, por tu palabra, todo mal ha sido derrotado.
 
Por P. Francisco Pérez Colunga, CSsR
 

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