Noviembre 21, 2021: Jesucristo, Rey del universo: Jn 18,33-37 (Verdad).

 
Jesús es un Rey completamente fuera de serie. Él explica a Pilato dónde está la diferencia, para que se una a su modo de reinar. Esa diferencia está en no utilizar la violencia, cuyo símbolo son las armas; en exponer la verdad procedente del cielo y encarnada en Jesús, en cuanto dice y hace. Pilato, igual que los otros reyes del mundo, se sienten amenazados con la presencia de este Rey. Por eso Pilato le pregunta: ‘¿Tú eres rey?’ Por la reacción de Pilato podemos afirmar que no entendió la explicación de Jesús acerca de su manera de reinar; o bien la entendió, pero no le interesó. Jesús no niega; al contrario, admite que es Rey, pero no reina como lo hacen los reyes del mundo: oprimiendo, mintiendo, haciendo lo necesario para conservar el puesto, sin importar si es bueno o malo; y, generalmente, es malo. En su juicio, Jesús no desaprovechó la ocasión que tuvo para invitar a Pilato a unirse a su estilo de reinar. Él lo había dicho a sus discípulos: ‘Cuando los lleven ante tribunales tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí’. Jesús da ejemplo de cómo se procede cuando uno es juzgado por estar en comunión con él. Da testimonio de su verdad e invita a Pilato a aceptarla. Éste, igual que muchos o todos, prefiere la salida fácil con tal de asegurar su poder.
 
Martes.
 
Unámonos a María, Madre del Rey de reyes, para que, a través de ella, consigamos un puesto en el reino eterno de su Hijo.
Santa María del Perpetuo Socorro, que viviste la vida adelantando el estilo sencillo y humilde que caracterizaría a Jesús en su proclamación del reino; que busquemos, en todo y siempre, la mansedumbre que agrada a Dios.
Santa María del Perpetuo Socorro, Virgen ahora coronada en el cielo, por ser madre del creador de cielo y tierra; que amemos, como tú, solamente lo que nos hace estar bien con Dios y con nuestros hermanos.
Santa María del Perpetuo Socorro, glorificada por el mismo Señor a quien llevaste en tu seno; que aprovechemos al máximo la llamada que nos hace él, que quiere incorporarnos a su familia real.
Señor, todavía encuentras entre nosotros mucha oposición a tu reino, el único que permanece eternamente. Convierte a ti nuestro corazón, para que pronto formemos parte de tu familia. P.N.S.J.
 
Jueves.
 
Señor Jesús, Rey de todos los señores de la tierra. Los evangelios te describen como Rey desde la primera página hasta la última y, en el momento de la pasión, dedican más espacio a esta descripción, tanto que hasta Pilato mandó escribir el letreo que decía: Jesús nazareno, el Rey de los judíos. La gente te proclamó Rey varias veces, como en tu entrada solemne a Jerusalén y, antes todavía, cuando la multiplicación del pan. En esta ocasión no aceptaste la proclamación, porque era muy imprecisa. Sin embargo, todo lo que decías y hacías estaba orientado a darte a conocer como Rey, mediante una forma que contrastaba totalmente con la de los reinos del mundo. Y este contraste llegó a su máxima expresión en el momento de hacer frente a la pasión. Tus jueces, Herodes y Pilato, se burlaron de ti, estando muy lejos de saber que acertaban, a pesar de que lo hicieran con sarcasmo. El trato externo que te daban, poniéndote la túnica y la corona de espinas, además de la prolongada burla oral, correspondía a la disposición interna con que aceptabas la pasión. Te cargaron la cruz por la misma razón, llevando el sarcasmo al extremo. Era el madero donde te iban a crucificar.
Según San Juan, por cierto, sólo tú podías llevarla, por ser el redentor exclusivo de la humanidad. Nadie más podía ayudarte, pues tal misión era encargo personal de tu Padre, que tú aceptabas con mucho amor, contemplando desde antes la gloria de la resurrección, de la que todos participamos ahora. Examinando un poco la realidad, caemos en la cuenta de que nos sigue costando mucho entender tu estilo de reinar. Dices que no es igual al de los reinos del mundo, y esto lo entendemos fácil porque de sobra los conocemos. El tuyo, en cambio, todavía nos queda muy lejos. Si ya lo entendiéramos e imitáramos como tú quieres, el mundo sería tan distinto, pues nuestro testimonio arrasaría completamente. Pero no es así. Vamos avanzando con demasiada lentitud en la comprensión de tu reino, como en muchas cosas más. Nos ayude tu palabra, porque urge apresurar el paso.

 

P. Francisco Pérez Colunga, CSsR

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Translate »