2. Descripción del icono

A.- El nombre: Virgen del Perpetuo Socorro.

 

Virgen del Perpetuo Socorro

 

El adjetivo ‘perpetuo’ es descrito por el diccionario: ‘Que dura y permanece para siempre. Se aplica a ciertos cargos vitalicios, ya se obtenga por herencia, ya por elección’. El adjetivo ‘perpetuo’ califica situaciones, personas o realidades humanas. Lo ‘perpetuo’ se distingue de lo ‘eterno’ porque la perpetuidad, aunque es duración sin fin, pertenece al mundo de lo humano; tiene comienzo y tiene fin, que ocurrirá cuando termine este mundo. Lo ‘eterno’, en cambio, es exclusivo de Dios, que no tiene principio ni fin.

Junto al adjetivo ‘perpetuo’ tenemos el sustantivo ‘socorro’, con este significado: ‘Acción y efecto de socorrer. Dinero, alimento u otra cosa con que se socorre. Tropa que acude en auxilio de otra. Provisión de municiones o cosas que se llevan a la guerra o a una plaza, donde se necesitan’. El diccionario no se ocupa del significado teológico de las palabras, por razones comprensibles. Esto nos toca a nosotros. El diccionario nos da, principalmente, el significado propio y técnico. Es buen comienzo, porque lo normal es ir del significado propio y técnico al figurado y teológico.

Pregunta: ¿Tiene relación explícita con la Sagrada Escritura el título ‘Perpetuo Socorro’, como nombre aplicado a María? Tiene relación explícita, y mucha. No sucede esto con todos los iconos. Muchos de ellos nos remiten a María mediante formas diversas, nombres e invocaciones alusivos a la riqueza teológica infinita de su persona, por haber sido divinizada debido a su función en el plan de Dios. Si nos hemos fijado, muchos de estos nombres aplicados a María no son bíblicos ni se inspiran en pasajes bíblicos referentes a ella, ni explícita ni implícitamente. ‘Perpetuo Socorro’, como veremos, es uno de los muchos atributos de Dios (Salmo 117; 135).

 

B.- La abreviación ‘mr – tu’.

 

La abreviación ‘mr – tu’.

 

MR –  TEOÚ: ‘Madre de Dios’. Arriba a la izquierda y a la derecha del icono hay dos letras griegas. Las de la izquierda (MR) son abreviación del griego ‘madre’, (méter), en nominativo: madre. Las letras de la derecha son ‘TU’, que es el genitivo del griego ‘teós’. El genitivo es ‘teoú’. Juntando los nombres abreviados, el de la izquierda con el de la derecha, tenemos el siguiente significado: Madre de Dios. Es un título exclusivo de María y, por tanto, del Nuevo Testamento. La madre de Dios es sólo una: María, que pertenece al Nuevo Testamento, inaugurado con su Hijo, Jesús.  El título ‘Madre de Dios’ (MéteR TeoÚ) no se encuentra literalmente en el NT, pero hay abundante testimonio acerca de María como madre de Dios; por eso, el título aparece como sinónimo del nombre personal de María. Llamarla ‘Madre de Dios’ es una especie de sobrenombre aplicado a ella con toda precisión, describiendo la misión por medio de la cual ha servido al Señor: dando vida al mismo autor de la vida.  

 

C.- El niño Jesús (IS XS).

 

El nombre (IS XS) del niño (Iesóus Xristós): Jesucristo.

 

Jesucristo (Iesoús – Xristós). La forma griega es ‘Iesoús’; la hebrea, ‘yejosúa’. Al hablar del nombre de ‘Jesucristo’ hay que recordar que es compuesto: ‘IesoúsXristós’. En el AT jamás encontramos juntos estos dos nombres, como los tenemos en el NT, y la razón es evidente: el nombre de ‘Jesús’, Hijo de María, es exclusivo en su forma gramatical (Jesucristo). En el AT existen los nombres, pero separados. El primero (Iesoús) aplicado generalmente a Josué; el segundo (Xristós), aplicado sobre todo a los profetas, sacerdotes y reyes, ya que ‘xristós’ significa ‘ungido’, aludiendo al aceite sagrado utilizado en la unción, el rito con que se consagra a Dios la persona o los objetos empleados en el culto ofrecido a él. ‘Xristós’ es traducción griega del sustantivo hebreo ‘masiha’, traducido al español como ‘mesías’. La parte primera del nombre (Iesoús) viene del verbo hebreo ‘yasá’, que significa ‘salvar’, del cual vienen otros derivados, como ‘salvación’ y ‘salvador’.

El nombre personal ‘Jesucristo’ puede analizarse desde varios puntos de vista: todo junto (Jesucristo), por separado (Jesús Cristo) o en su forma breve (Jesús o Cristo). Ante todo, recordemos que la forma griega del nombre ‘Jesús’ es igual a la del Antiguo Testamento (Iesoús), lo cual proporciona la continuidad morfológica y teológica; morfológica, porque el mismo nombre del AT pasa al NT; teológica, porque dentro de la continuidad hay cambio radical. Jesús no se compara con los salvadores que lo han precedido; o bien, la comparación resalta su originalidad. Hay discontinuidad en la forma hebrea del nombre (Jesús): ‘yejosúa’ en el AT y ‘yesúa’ en el NT. Estos dos nombres comparten las mismas letras radicales (ysa: salvar) pero son diferentes. Fuera de Jesús, nadie más lleva este nombre. Y tal detalle tiene una razón de ser: no hay otro salvador paralelo. El nombre, todo junto (Jesucristo), existe nada más en las traducciones.  En el idioma original (griego) está siempre separado: Jesús Cristo (Iesoús Xristós). La unión de estos dos nombres en uno es muy comprensible, dada la tendencia a la abreviación, característica de todos los idiomas.

 

D.- Los arcángeles.

 

  • ‘OARM’: El arcángel Miguel.

 

‘OARM’: El arcángel Miguel.

 

Arriba, a la izquierda, y debajo de las letras ‘MR’, está el nombre abreviado ‘OARM’, que solemos traducir: ‘El arcángel Miguel’. Es nombre hebreo ‘Mi ka él’ = ¿Quién como Dios?, nombre personal en forma de pregunta cuya respuesta es evidente: nadie como Dios. Según la etimología (árxo / árxos: ser el primero; origen, principio = arxággelos – arcángel) Miguel es uno de los primeros, de los que gobiernan, uno de los príncipes. En el Antiguo Testamento, ni Miguel ni Gabriel son llamados ‘arcángeles’ (arxággelos). Los dos son llamados ‘ángeles’ (ággelos). El más cercano al título de ‘arcángel’ es Miguel, por los sinónimos con que es designado y también por las funciones a él atribuidas; entre otras, es el defensor de la humanidad. En el Antiguo Testamento, Gabriel es intérprete de visiones. En el Nuevo Testamento, el nombre personal ‘Miguel’ aparece dos veces (Judas 1,9 y Apocalipsis 12,7) y las dos se refieren al personaje del que estamos hablando. Sólo Miguel es llamado ‘arcángel’, y nada más en un pasaje (Judas 1,9). En Apocalipsis 12,7 es citado junto con ‘ángeles’ subordinados a él, en la pelea contra el diablo. Esto le valdría el título de ‘arcángel’ (arxággelos); sin embargo, el texto no lo llama así.

 

  • ‘OARG’: El arcángel Gabriel.

 

‘OARG’: El arcángel Gabriel.

 

Lo mismo que Miguel, Gabriel es citado dos veces en el Nuevo Testamento, y las dos en el capítulo primero de Lucas (1,19.26). La primera está en el anuncio del nacimiento de Juan (Lc 1,19a). Como Zacarías no cree, el ángel dice su nombre: ‘Yo soy Gabriel’. Él da su nombre sin añadir calificativo de jerarquía. No se da el nombre de ‘ángel’. El narrador es quien le da este nombre. Informando sobre su identidad, Gabriel aclara: Estoy a las órdenes inmediatas de Dios.  Es asistente de Dios y, por eso, su palabra participa de la autoridad del que lo envía. El segundo y último pasaje es Lucas 1,26: ‘A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, que se llama Nazaret’. El contexto de estas palabras es la anunciación del ángel a María (1,26-38). Su oficio es la comunicación de mensajes, no propios sino de Dios. El nombre personal (Gabriel) significa y representa el poder de Dios, invencible, que crea y hace cuanto quiere solamente con ordenarlo.

Síntesis. Gabriel, comparado con Miguel, parece tener menos categoría jerárquica, pues él mismo no se llama ‘ángel’, sino ‘Gabriel’ (Lc 1,19). Es el narrador quien lo llama ‘ángel’. Tampoco en la anunciación a María Gabriel se da el nombre de ‘ángel’ y es el narrador quien lo llama ‘Gabriel’ (1,26). En el NT sólo Miguel es llamado ‘arcángel’ y una vez nada más (Judas 1,9).

 

E.- Instrumentos de la pasión (cruz, esponja, lanza).

 

  • Cruz.

 

Instrumentos de la pasión: cruz.

 

¿Qué decir de la cruz (staurós)? Es el signo más evidente de la pasión, mencionada 27 veces en el Nuevo Testamento: 16 en los evangelios y el resto en las cartas de Pablo. En los evangelios, Juan se distingue de los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) porque cita la cruz sólo en la pasión; para ser precisos, cuatro veces en el capítulo 19. Los sinópticos, en cambio, ponen en boca de Jesús la invitación a seguirlo, cargando la cruz (Mt 10,38: Mc 8,34; Lc 9,23). Jesús hace la invitación a seguirlo, cargando la cruz, cuando está a punto de iniciar el viaje a Jerusalén. Cita la cruz con toda intención, conociendo el horror que inspira, por ser instrumento de tormento muy cruel. Jesús quiere que todos sepan que estar con él implica arriesgar la vida y estar dispuestos a defender la fe incluso con la muerte.

 

  • Esponja y Lanza.

 

Instrumentos de la pasión: esponja y lanza.

 

Esponja.

La palabra ‘esponja’ (spoggós) no aparece jamás en el Antiguo Testamento; en el nuevo, solamente tres veces, y las tres en la pasión de Jesús (Mt 27,48; Mc 15,36; Jn 19, 29). ‘Uno de los presentes fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber’ (Mt 27,48). ‘Uno echó a correr y, mojando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le dio de beber’ (Mc 15,36). ‘Había allí un jarro de vinagre. Sujetando a una caña de hisopo una esponja empapada con el vinagre, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: Todo está cumplido. Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu’ (Jn 19,29-30). La versión de Juan es más lógica, porque se da a Jesús el vinagre cuando él dice: ‘Tengo sed’ (19,28). En Mateo y Marcos, se da a Jesús el vinagre cuando dice: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? (Mc 15,36; Mt 27,46-47).

 

Lanza.

En cuanto a ‘lanza’ (lógxe), esta palabra es hápax del Nuevo Testamento, es decir, aparece sólo en Juan 19,34. Para asegurarse de la muerte de Jesús, el soldado le atraviesa el costado con la lanza. Esta información se encuentra en Juan, nada más. No es casualidad que la lanza esté pintada en la imagen de la virgen, puesto que Juan es el único que habla de la madre de Jesús contemplando la muerte de su Hijo (Jn 19, 25-27). Quedan relacionados los tres motivos: lanza, pasión y madre de Jesús.

 

F.- La corona en la cabeza de la Madre y del Hijo.

 

La corona en la cabeza de la Madre y del Hijo.

 

  • Significado propio.

El primer pasaje es 2 Samuel 12,30: ‘David atacó Rabá y la conquistó. Quitó a Moloc la corona, que pesaba treinta kilos de oro y tenía una piedra preciosa’. El rey luce una corona de mucho valor, que David le arrebata al derrotarlo. Este hecho se cuenta también en 1 Crónicas 20,2. Holofernes, enemigo de Israel, es recibido en todas partes con coronas, danzas y panderos, obligando al pueblo a someterse a él (Judit 3,7). Es un reconocimiento forzado y manifestado en la ofrenda de coronas. Al final los papeles se invierten. Las mujeres israelitas se coronan y coronan a Judit, celebrando la muerte de Holofernes (Judit 15,13).

 

  • Significado figurado.

Salmo 20,4: ‘Has puesto en su cabeza corona de oro fino’. El Señor da fuerza y honor a sus reyes, por ser sus representantes en el pueblo. Salmo 64,12: ‘Coronas el año con tus bienes’. El Señor, creador de la naturaleza, la hace producir fruto para el hombre. Proverbios 1,9: El padre y la madre son para el hijo como una corona en la cabeza. Ellos le dan dignidad. La sensatez y la inteligencia son corona en la cabeza de quien las posee y se adquieren siguiendo la tradición y consejos de nuestros mayores (4,9). Describiendo su sufrimiento, Job dice: ‘El Señor me ha despojado de mi honor y me ha quitado la corona de la cabeza’ (Job 19,9).

 

  • En los evangelios.

Dentro de los cuatro evangelios, la palabra ‘corona’ (stéfanos) aparece solamente cuatro veces: Mt 27,29; Mc 15,17; Jn 19,2.5. Los cuatro pasajes están en los relatos de la pasión.

Veamos el texto de Mateo (27,9): ‘Después trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y en la mano derecha una caña. Doblando la rodilla ante él, le decían, burlándose: Salve, rey de los judíos’. El contexto del pasaje es el juicio ante Pilato (Mt 27,11-31). Después de ser sentenciado a muerte (27,26), Jesús es entregado a los soldados para sufrir la última humillación (27,27-31), antes de comenzar el camino a la cruz (27,32). Lucas no cita la corona. La estructura de este momento de la pasión es idéntica en los cuatro evangelios, aunque en Lucas la burla no la hacen los soldados sino Herodes (Lc 23,6-11). Comparado con Marcos, Mateo acentúa la humillación de Jesús, diciendo que le pusieron una caña en la mano derecha, para hacer más clara su apariencia de rey (Mt 27,29). En Marcos, la caña es el instrumento con que golpean a Jesús en la cabeza (Mc 15,19). Por tanto, el detalle de la caña queda mejor explicado en la versión de Mateo, pues los soldados golpean a Jesús en la cabeza con la misma caña que le han puesto en la mano, aumentando así el sarcasmo: el rey es torturado con el signo de su propio poder.

 

G) Las piedras preciosas en la corona de la Virgen.

 

Las piedras preciosas en la corona de la Virgen.

 

Antiguo Testamento (Éxodo 28,17-21; 39, 8-15) y Nuevo Testamento (Apocalipsis 21,19-23). Le engastarás una guarnición de cuatro filas de piedras. En la primera fila: carnelita, topacio y azabache; en la segunda fila: esmeralda, zafiro y diamante; en la tercera fila: jacinto, ágata y amatista; en la cuarta fila: topacio, ónice y jaspe. Las guarniciones de pedrería irán engastadas en filigrana de oro. Llevará doce piedras, como el número de las tribus israelitas. Cada piedra llevará grabado, como un sello, el nombre de una de las doce tribus’. El Señor dicta a Moisés las leyes sobre el santuario. Éste es el contenido de los capítulos 25-40, con pequeñas excepciones, como la idolatría del pueblo, que hace necesaria una nueva redacción y publicación del decálogo (32-34). El autor (o autores) es ubica en el pasado esta organización cultual, practicada en los tiempos de gloria de Israel, sobre todo con David y Salomón, en el siglo décimo antes de Cristo. El culto es de las necesidades elementales del ser humano; es su forma de vivir y expresar la relación con Dios, al que dedica lo mejor que tiene: personas, objetos, tiempos y lugares. Lo leído en Éxodo 28,17-21 se refiere al pectoral, que es parte de los ornamentos sacerdotales. Debe ser hecho ‘artísticamente’ (28,15).

Según Apocalipsis 21,19-23, toda la humanidad podrá vivir en la nueva Jerusalén. La muerte ha sido derrotada, porque el juicio universal se ha realizado (20,11-15). Si lo malo se sigue mencionando, no es porque todavía siga existiendo sino para hacer evidente el contraste entre el tiempo nuevo y el viejo, entre muerte y vida. Así se explican los siguientes pasajes: ‘En cambio, a los cobardes, infieles, infames, asesinos, prostituidos, hechiceros e idólatras les tocará en suerte el lago de azufre ardiendo, que es la segunda muerte’ (21,8). Hacia el final leemos: ‘Nunca entrará en la ciudad algo impuro, ni idólatras ni impostores’ (21,27); ‘Nada maldito habrá allí’ (22,3); ‘Fuera los perros, los hechiceros, los prostituidos, asesinos, idólatras y todo el amigo de la mentira’ (22,15). Al citar los ‘prostituidos’, se refiere a todo tipo de desorden sexual: fornicación, adulterio, homosexualidad, que son distintos como conceptos, pero coinciden en ser para Dios algo repugnante. El autor ama el contraste, por su insistencia en la exhortación al bien. Antes de decir ‘fuera los perros…’ ha dicho: ‘Dichosos los que lavan su ropa para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas de la ciudad’ (22,14).

 

H) La estrella en la frente de la Virgen.

 

La estrella en la frente de la Virgen.

 

 En el Antiguo Testamento, el sol, la luna y las estrellas son de los primeros objetos creados por Dios, el día cuarto (Génesis 1,14-18). No es casualidad que esta parte de la creación aparezca el día central de los siete: el cuarto. Aunque el séptimo descansa Dios (2,2), este día completa la semana. Según la estructura septenaria, el cuarto día sobresale por la creación de la luz (sol, luna y estrellas). Así, esta acción completa y hace perfecta la primera: ‘Que exista la luz. Y la luz existió’ (1,3-4). La luz se va imponiendo como símbolo de la vida, representada por los astros que la generan. La oscuridad y tinieblas, por el contrario, van desapareciendo y se convierten en símbolo de la muerte. La palabra ‘estrella’ es muy utilizada en plural y, en la mayoría de los casos, los sentidos figurados, positivos y negativos, prevalecen sobre el sentido propio.  Además, el trinomio es citado casi siempre junto: sol, luna y estrellas. Los tres son la suma y símbolo de todos los demás, por ser los más visibles. Estos significados y sentidos generales pasan al Nuevo Testamento.

Después del Apocalipsis, es Mateo el que más se sirve de la palabra ‘estrella’ (astér). En 2,2, los magos han sabido del nacimiento de Jesús, el rey de los judíos, por la aparición de la estrella, según la promesa hecha en Números 24,17, en la que ellos creían. Por eso, esta señal vale solamente para ellos y no para los incrédulos, como Herodes (2,7). Efectivamente, se les vuelve a aparecer cuando se alejan de él (2,9), motivo que los llena de inmensa alegría (2,10). Según Mateo, el nacimiento del salvador es anunciado por una estrella (2,2), la misma que fue puesta en el pasado como signo para reconocerlo, llegado el final de los tiempos.

Con la llegada de Jesús, la luz llega al mundo. Este signo, la estrella, junta con el sol y la luna (Mt 24,29) será contemplado al final de la historia, cuando la tierra sea transformada, en el tiempo escatológico (Mt 24,29; Mc 13,25; Lc 21,25). Estando firmes en el cielo, sufrirán el trastorno cósmico del universo entero.

 

I) Los colores del vestido.

 

  • Amarillo (sol): signo del amor de Dios que no discrimina.

 

El color amarillo en el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

 

La palabra ‘sol’ (élios) aparece 32 veces en el Nuevo Testamento, de las cuales 12 están en los evangelios, y sólo en los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). El evangelio de Juan jamás emplea esta palabra. La primera mención del sol está en Mateo 5,45: ‘Para que sean hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos’. El contexto de estas palabras es el discurso del monte (5-7). Dentro de la parte llamada ‘antítesis’ (5,21-48), Jesús comenta el dicho: ‘Amarás a tu prójimo… y odiarás a tu enemigo’ (5,44). La corrección de Jesús a la ley de Moisés está en el grado de perfección en el amor. Dios ha mostrado su amor al máximo enviando a Jesús. Por eso espera como respuesta sólo amor perfecto, a él y al prójimo. Y esta perfección incluye a los enemigos (Mt 5,44-45). El texto original resalta el poder de Dios sobre la naturaleza, diciendo: ‘Hace salir su sol’. El sol es una de sus muchas propiedades y dispone de él como le parece. Para fortuna del ser humano, esta disposición es favorable, ya que es manifestación indiscriminada de amor.

 

  • Rojo (pir).

 

El color rojo en el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

 

Fuego (de una pira, del sacrificio, del hogar, del sol, del rayo de los astros, de antorchas; fig. fuego de los ojos, mirada, fuego de la fiebre, apasionamiento, fuerza irresistible, devastación). Podemos leer los siguientes pasajes del Antiguo Testamento:  2 Reyes 3,22, que compara la sangre con el color rojo; también Isaías 33,11; Ezequiel 1,4; Salmo 103,4; 148,8. En los cuatro aparece la equivalencia ‘viento – fuego’ (pnéuma – pir). Toda la atención se concentra después en el Nuevo Testamento, donde el rojo tiene estos significados: fuego (pir), sangre (aima), Espíritu (pnéuma), vida (zoé).

 

  • Verde.

 

El color verde en el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

 

Los pocos pasajes del Antiguo Testamento que contienen la frase ‘hierba verde’ (Génesis 1,30; 2,5; 2 Reyes 19,26; Isaías 15,6) coinciden en interpretarla como símbolo de vida o de muerte, según el contexto. Que haya hierba verde significa vida, alimento (Génesis 1,30); que no haya significa muerte (Isaías 15,6). En el Nuevo Testamento, dentro de los evangelios, solamente Marcos (6,39) emplea la frase ‘hierba verde’, que encontramos también en Apocalipsis 8,7 y 9,4. En los demás pasajes (Mt 6,30; Mc 6,39; Lc 12,28; Jn 6,10; Santiago 1,10.11; 1 Pedro 1,24) se encuentra la palabra ‘hierba’ (xortós) y el adjetivo ‘verde’ (xlorós) se supone, sobre todo en los evangelios. El verde, color propio de la hierba y de los árboles, es el que más expresa la vida, por estar muy asociado con el alimento (Génesis 1,30; Jn 6,10).

 

J) La sandalia (ipódema) cayéndose.

 

La sandalia (ipódema) cayéndose.

 

La palabra ‘sandalia’ (ipódema) aparece diez veces en el Nuevo Testamento, de las cuales la primera está en Mateo 3,11 (Paralelos: Marcos 1,7; Lucas 3,16; Juan 1,27): El que viene después de mí es más poderoso que yo. No soy digno de desatarle las sandalias. ¿Qué dice el Antiguo testamento? El capítulo cuarto de Rut es el ejemplo positivo del cumplimiento de la ley dada en Deuteronomio 25,5-10. Un día, Rut, con permiso de Noemí, va al campo a recoger espigas. Boaz se fija en ella y le brinda atenciones, primero indirectamente. Luego le dice: ‘No vayas a otros campos a recoger espigas. Quédate en el mío. He ordenado a mis siervos que no te molesten y te den agua para beber’ (2,8-9). Como Boaz es pariente de Noemí, ésta piensa buscar a Rut una casa y una familia, convirtiendo a Boaz en su liberador. Aconsejada por Noemí, Rut se acuesta con Boaz, cuando él ha comido y bebido mucho. Al despertar, Boaz alaba la conducta de Rut, diciendo: ‘Esta obra ha sido mejor que la primera, porque no has buscado un hombre joven, sino a mí, rico, pero ya viejo. A mí me toca velar por ti; sin embargo, hay otro con más derecho que yo. Mañana lo arreglaremos’ (3,10-13). Al amanecer, Boaz convoca a la autoridad y llama al fulano que tiene derecho sobre Rut. Éste, después de oír, renuncia a su derecho y obligación, quedando Boaz como el único rescatador de Rut. Se celebra la boda según la ley: ‘Antiguamente, había esta costumbre en Israel, cuando se trataba de rescate o de permuta. Para celebrar el trato se quitaba uno la sandalia y se la daba al otro. Así se hacían los tratos en Israel. Por eso, el otro dijo a Boaz: Compra tú el terreno. Se quitó la sandalia y se la dio. Entonces Boaz dijo a los concejales y a la gente: Los tomo hoy por testigos de que adquiero todas las posesiones de Elimélec, Kilión y Majlón de manos de Noemí, y de que adquiero como esposa a Rut, mujer de Majlón, con el fin de conservar el apellido del difunto en su heredad, para que no desaparezca su apellido. ¿Son testigos? Todos contestaron: Somos testigos’ (Rut 4,7-11). Siguen después las bendiciones a los casados. En el libro de Rut nos interesa subrayar el significado del rito de quitarse la sandalia y entregarla al otro, manifestando la ratificación de una alianza. El pariente de Elimélec, cuyo nombre no se dice, renuncia a su deber de proteger a Rut, rescatando la propiedad de su marido, porque tiene otros intereses (4,6). Evita el compromiso formalmente, cediendo a Boaz tal derecho y obligación, haciendo el rito social acostumbrado: se quita la sandalia y la entrega a Boaz. El contrato queda terminado y sellado de esta manera.

 

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